La dehesa y el cerdo ibérico, esenciales para entender la Sierra de Aracena

Si hay un atractivo que ha hecho universal a la Sierra de Aracena y Picos de Aroche es, sin lugar a dudas, el exquisito jamón ibérico. Pero antes de llegar a su plato, esas deliciosas lonchas de ibérico han cumplido un recorrido minucioso cuyos matices se pueden percibir en nuestro paladar.

La dehesa cubre todo el suroeste de la Península Ibérica y, en el caso de nuestra tierra, está catalogada como Reserva de la Biosfera, un rincón único para disfrutar del bosque humanizado. Y es que el la dehesa es fruto del trabajo respetuoso del hombre durante siglos, una labor para aprovechar al máximo las posibilidades que ofrecía el monte mediterráneo.

Aquí es donde juega un especial protagonismo el cerdo ibérico. Porque es en la dehesa donde se cría y vive en semilibertad durante sus dos años de vida, en las distintas explotaciones agrícolas que crían a estos cerdos en extensivo. Nada de granjas ni de estabulación.

El cerdo ibérico de la Sierra de Aracena es el Señor de la dehesa. Aquí se alimenta de piensos naturales, hierbas, raíces y, durante sus últimos meses –en la denominada montanera– de las bellotas de encinas y alcornoques que caen de los árboles. Un detalle para los curiosos. ¿sabías que el cerdo ibérico elimina la cáscara de las  bellotas antes de comérselas?

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